Karl Popper y la paradoja de la tolerancia

Cada día el diario y los noticieros nos sorprenden con noticias de atropellos, abusos y atentados que suceden alrededor del mundo. El siglo XXI, que prometía ser el siglo de la paz globalizada, es por ahora el siglo de los enfrentamientos sin fronteras. Para muchos, la solución a los conflictos es ser tolerante con todos pero ¿es eso posible?

La famosa frase del filósofo de la Ilustración Voltaire “Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo” esconde dos secretos. Por un lado, es falso que la haya dicho él -es de su biógrafa, Evelyn Beatrice Hall- y, por otro, obtura la discusión de si debemos tolerar cualquier opinión

El epistemólogo Karl Popper escribió después de la Segunda Guerra Mundial un texto imprescindible, llamado “La sociedad abierta y sus enemigos”. Allí expuso lo que él llamó la paradoja de la tolerancia, que muestra que no podemos ser tolerantes con todo.

“La tolerancia ilimitada conduce a la desaparición de la tolerancia. Si extendemos la tolerancia ilimitada aun a aquellos que son intolerantes; si no nos hallamos preparados para defender una sociedad tolerante contra las tropelías de los intolerantes, el resultado será la destrucción de los tolerantes y, junto como ellos, de la tolerancia”

Limitar la tolerancia no significa, por supuesto, censurar opiniones distintas a las nuestras o prohibir manifestaciones que no coincidan con nuestro pensamiento. Pero sí, que las sociedades deben tener el derecho a cuidar a sus ciudadanos de los que, por ejemplo, proponen responder a los argumentos con violencia.

Para Popper “deberemos reclamar entonces, en nombre de la tolerancia, el derecho a no tolerar a los intolerantes” Se trata, claro, de un límite delicado: ¿quién podría ser el indicado para señalar qué es lo que hay que tolerar y qué no? Solemos ser cuidadosos con las creencias religiosas y las ideologías, pero en ocasiones chocan con nuestras intuiciones y nuestra forma de vivir.

El límite que pone Popper es la violencia y la intolerancia: quienes la prediquen deben quedar al margen de la ley. Según él “debe considerarse criminal cualquier incitación a la persecución, de la misma manera que en el caso de la incitación al homicidio, al secuestro o al tráfico de esclavos”

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