Dos tazas de café vacías

#25Tazas es una ficción con historias que suceden con un café de por medio y que invitan a ser leídas compartiendo una espresso perfecto. Todos los jueves, una nueva entrega, de la mano de Philips Saeco.

Si recién empezás a leerla, la historia arranca acá
Entrega anterior

El aroma del café recién hecho inundaba el pequeño departamento y Federico aún no podía salir de su sorpresa… ¡Lola estaba en Comodoro Rivadavia! Tantas veces había imaginado ese momento que ahora no podía creerlo: estaban juntos de nuevo.

Su llegada imprevista y sin anuncios había modificado la manera en la que él había pensado tantas veces el reencuentro. Le hubiese gustado poder ordenar un poco más las cosas para recibirla, amueblar todo y ponerle un poco de onda a la cocina y el baño, entre otras cosas a las que sabía que Lola le prestaba atención. Ahora, en cambio, ella estaba recorriendo los pocos metros cuadrados del lugar con mirada atenta, entre curiosa y fascinada

 

-No le prestes mucha atención al orden, por favor, si hubiese sabido que venías…-le dijo Federico en un ruego mientras buscaba dos tazas limpias para servir el café

-¡Si te avisaba que venía posiblemente hubieses encontrado la manera de impedírmelo!-le respondió ella con una sonrisa

-¡No es así! Yo te extraño mucho, vos lo sabés, pero tenés que terminar la facultad y yo tengo que ganar experiencia trabajando acá… vernos era muy difícil

-Lo sé, lo sé, no me expliques lo que los dos conocemos. Me moría por verte y tengo que confesar que creo que no me voy a olvidar la cara que pusiste cuando abriste la puerta y me viste…

 

Lola se lanzó sobre Federico y abrazo desde atrás. Él se dio vuelta y la besó con pasión, como queriendo comprobar una vez más que este encuentro era real y no un sueño. Pero no pudo evitar hacerle preguntas que tenían poco de oníricas y mucho de mundanas…

 

-Contame exactamente por qué estás acá, Lola. ¿Qué pasó con la facultad? ¿Vos no tenías exámenes mañana?

-Ufff… es complicado. Dejame que lavo dos tazas mientras vos cortás el pan que traje para hacer tostadas y mientras desayunamos te cuento, ¿dale?

 

A Federico no le gustó nada esa respuesta y decidió encarar el problema

 

-Te conozco, Lola: no me des vueltas, ¿qué hacés acá? ¿dejaste la carrera?

-Digamos que hice un impasse…

-¿Un impasse? ¿Estás loca? ¡Siempre dijimos que ibas a priorizar terminar la facultad!

-No la estoy dejando, ¡sólo la pongo en pausa para poder acompañarte!

-¿Justo antes de rendir los exámenes? ¡Estás loca! No necesito que me acompañes, necesito que termines la carrera…

-No soy una nena para que me retes, ¿vos te vas a mil quinientos kilómetros de casa y de golpe la que toma la decisión equivocada soy yo?

-A ver si lo entendés: no quiero que hagas nada por mí, no quiero que tomes una decisión que sé que en el futuro me vas a echar en cara

-¿Eso creés? ¿Qué tomo decisiones para después echártelas en cara?

-¡Sí! ¡En cinco años me vas a estar culpando por no haber terminado la carrera!

 

Furiosa, Lola revoleó el pan que había comprado en su camino desde el aeropuerto, tomó su campera y salió dando un portazo hacia esas calles tan frías que no conocía pero que le parecieron el mejor sitio para alejarse de esa pelea.

 

Dos tazas de café vacías para confirmar que a veces las buenas intenciones no alcanzan y que las cosas no siempre salen como uno las planea

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