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Un café y dos hermanos para encontrar una solución

#25Tazas es una ficción con historias que suceden con un café de por medio y que invitan a ser leídas compartiendo una espresso perfecto. Todos los jueves, una nueva entrega, de la mano de Philips Saeco.

Si recién empezás a leerla, la historia arranca acá
Entrega anterior

 

 

Alejandro la sentó a Verónica, su hermana, y le volvió a explicar su plan para conquistar a Carolina: necesitaba que le comprara a ella muchas viandas de su emprendimiento personal porque estaba con problemas económicos y, de ese modo, no sólo la ayudaría sino que él tendría una excusa para poder visitarla casi a diario y conquistarla.

 

-Pero si cocino todo en casa y no necesito comprar comida hecha- le dijo Verónica con cara perpleja- Tu sobrino, además, sólo come lo que yo hago. No me gusta nada esto. No entiendo por qué no la invitás a salir y listo, en vez de todo este lío…

-Ya te lo expliqué diez veces: cuando la llamé me puse nervioso y no supe qué hacer y le dije que vos estabas interesada en sus viandas… ¡fue lo primero que se me ocurrió!

-Lo escucho y no lo puedo creer, no parecemos hermanos. Dejame que yo la llamo y le explico…

-¡Ni loco! Si lo hacés te mato, ya bastante lo que armaste con Amelia a escondidas

 

Verónica recordó su travesura y se volvió a reír. Se dio cuenta que, finalmente, sí se parecían como hermanos: eran dos atolondrados, haciendo cosas insólitas siempre con buenas intenciones. Ella se había topado hacía unos días en el banco con Amelia – quien era, junto con Rosa y Vicenta, las “tres viejas” de la ciudad- y le había pedido que le prenda unas velas a los Santos para que su hermano logre conquistar a la chica que le había robado el corazón. Verónica quería genuinamente que Alejandro siente cabeza y se ponga de novio, pero estaba convencida de que mentir y comprar comida no era la solución. Había que pensar otra opción.

 

-Yo no puedo llenar la casa de comida que no necesito sólo para que vos tengas una excusa para hablar con una chica, ¡pensá lo que me estás pidiendo!

-Uf, te odio, ¡te estoy pidiendo un favor y no me querés ayudar! Ya le dije a Carolina que tenía una cliente para ella, ¿qué le digo ahora?

– ¡Ya sé! –exclamó Verónica, iluminándosele la cara- ¡la respuesta es Amelia!

-Basta, hermanita: no nos van a ayudar ni los santos, ni el Tarot ni nada… no quiero nada de eso.

-No, no entendés: tenemos que hablar con Amelia y con sus amigas. Ellas siempre se quejan de que no encuentran comida sin sal para cuidarse de su hipertensión… si les gusta lo que cocina Carolina, le conseguimos a tu futura novia no una, sino tres clientas nuevas. Son tres señoras a las que, creéme, les va a encantar la idea de no cocinar nunca más en sus vidas.

 

Café de por medio, los hermanos se pusieron a pensar qué estrategia necesitaban para convencer a las amigas de la necesidad de ser clientas de Carolina y se pusieron manos a la obra. Verónica salió para el bar en el que suelen pasar la tarde Amelia, Rosa y Vicenta tomando café, mientras que Alejandro siguió con su recorrido diario entregando paquetes y encomiendas. Al caer el día se volvió a comunicar con su Verónica y juntos ultimaron detalles de lo que haría.

Entonces, el joven cartero volvió a marcar el número de teléfono de su amada…

 

– Hola, Caro, te habla Ale… necesito juntarme con vos por una sorpresa, ¿podés mañana a la tarde?

 

Aún cuando el panorama es desalentador, dos hermanos unidos pueden lograr dar vueltas incluso el peor de los pronósticos

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