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Un café para superar miedos

#25Tazas es una ficción con historias que suceden con un café de por medio y que invitan a ser leídas compartiendo una espresso perfecto. Todos los jueves, una nueva entrega, de la mano de Philips Saeco.

Si recién empezás a leerla, la historia arranca acá
Entrega anterior

 

Alejandro se apuró a tomarse el café que le había preparado su hermana Verónica y buscó en su celular el número de Carolina. Lo había agendado el día en que la había conocido, cuando le tocó timbre en su puerta para acercarle una encomienda que le habían enviado desde su Córdoba natal.  Desde entonces sólo se habían pasado un par de mensajes por Whatsapp pero él miraba a diario su foto de perfil y su estado, haciendo conjeturas sobre sus horarios de conexión y qué podía haber detrás de eso. Si era martes y estaba on line a la madrugada, hipotetizaba que estaba desvelada; si era viernes, en cambio, que estaba en un bar… todas conjeturas.

A pesar de prestarle tanta atención, nunca la había llamado. De hecho, tenía una interminable lista de excusas que solía repasar en su cabeza para no hablar con ella: no tenía verdaderos motivos que no sean “me gustás”, pero eso era cursi y, por lo tanto, no válido; su fuerte no era la conversación y no quería que sus chances dependieran de sus habilidades de oratoria; no quería quedar como un baboso… una y otra vez se repetía a sí mismo las razones por las cuales no tenía que llamarla.

Sin embargo, Alejandro se dio cuenta que su hermana tenía razón en algo: si él seguía sin hacer nada, nada iba a cambiar. Incluso pensó un escenario peor: si Carolina lo llamaba, se moriría de vergüenza y su orgullo no le permitiría seguir adelante si no era él quien daba el primer paso.

Era claro que la reflexión no era el camino para obtener resultados: sin pensarlo dos veces apretó el botón de “Llamar” que aparecía junto a su perfil en Whatsapp.

 

-Hey, sos vos -le respondió la cordobesa del otro lado de la línea- tanto tiempo…

-Sí, che, ¿te agarro en un mal momento? Sonás cansada

-No, no, perdoná, es que tengo un mal día y…

-¡No sabía! ¡Perdoná! Te vuelvo a llamar mañana- Alejandro, nervioso, había encontrado la excusa para cortar

-¡No, no no! No quise decir eso, no me molesta tu llamada, al contrario, es lo mejor que me pasó en el día.

 

Ni bien terminó de decir esa frase, Carolina ya se había arrepentido. Ella también tenía su propia lista interminable de excusas por las que no lo había llamado a Alejandro ni le había escrito un mensaje. Cuando vio que era él en el identificador de llamadas se le iluminó la cara pero antes de atender se prometió no sonar como una desesperada. Aquella frase la había delatado…

 

-¡Ni quiero imaginar lo que habrá sido tu día entonces si esto es lo mejor!

-Ja… bueno, soy medio exagerada. Es que vengo re mal con mi negocio de viandas hogareñas. Este ha sido el peor mes desde que arranqué y si no repunta, voy a tener que volver a trabajar de secretaria. Cada vez que suena el teléfono secretamente anhelo que sea un cliente nuevo…

-¡Yo soy un cliente nuevo!

-¿Qué?

-Que te estoy llamando porque soy un cliente nuevo. Bah, mi hermana es la nueva cliente… ella quiere comprarte viandas y me pidió que te llamara… así que… bueno…

 

Los nervios le habían ganado la pulseada a Alejandro y terminó enredando todo, dando marcha atrás e involucrando a su hermana, que no llegó a escuchar nada de la conversación. Carolina quedó sorprendida con el motivo del llamado pero tampoco estaba en condiciones para negarse a atender al nuevo cliente. Así que coordinó para juntarse con Verónica al día siguiente y le agradeció el llamado.

 

-¿Y? ¿Cómo te fue con Carolina?-le preguntó Verónica cuando vio que su hermano había terminado la llamada en menos de dos minutos

-Esteee… Mirá, te preparo un cafecito porque vas a tener que darme una mano con ella-le dijo Alejandro.

 

Con un café de por medio, dos hermanos van a pensar la estrategia ideal para lograr lo que buscan

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