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Un café para torcer el destino

#25Tazas es una ficción con historias que suceden con un café de por medio y que invitan a ser leídas compartiendo una espresso perfecto. Todos los jueves, una nueva entrega, de la mano de Philips Saeco.

Si recién empezás a leerla, la historia arranca acá
Entrega anterior

 

 

El sonido del timbre interrumpió el sueño de Mariana y la voz conocida gritando a su puerta la obligaron a levantarse. Abrió la puerta dormida e invitó a Lola, su hermana, a pasar.

– ¿Qué pasa? ¿Qué hacés acá a esta hora?-dijo Mariana

– ¡Son las diez y media! A esta hora la gente normal está levantada y trabajando, no sé el huso horario de ustedes, “los artistas”, pero por lo visto es bastante diferente al de todo el resto…

– Tuve show en el bar anoche y nos quedamos hasta tarde guardando equipos. Me acosté como a las cuatro de la mañana Lola

– Seis horas de sueño me parecen suficientes. Pero no vine acá a hablar de vos. Escuchame, tomé una decisión y necesito que me ayudes

– ¿Qué pasó?

– Me quiero ir a Comodoro Rivadavia

– ¿Qué?

– Eso, que lo extraño mucho a Fede y quiero ir a verlo

– ¿Pero lo querés visitar o te querés mudar allá? ¿Y la facultad?-

– No sé, no sé… no es lo que me importa ahora. Las llamadas y los mensajitos me cansaron, ¡me muero por tenerlo conmigo! Vine porque no me puedo sacar la idea de la cabeza y quiero que me digas si estoy loca…

– Según parece la decisión ya la tomaste. Preparame un café que me despierto y lo pensamos!

 

Lola y Mariana se llevaban tres años, y a pesar de esa diferencia de edad y de que ambas llevaban vidas completamente distintas, su amistad había llegado a ser aún más fuerte que su parentesco.  Lola era la mayor, la más responsable y seria de la familia. Le quedaban dos años para terminar su carrera en la universidad y había decidido quedarse en Buenos Aires cuando Federico, su novio, consiguió trabajo en una empresa petrolera en la Patagonia. Si bien hablaban todas las mañanas y se mantenían en contacto a través de los variados medios de comunicación que fueron apareciendo, la distancia le estaba pesando mucho. Mariana, en cambio, era una rebelde sin remedio, amante del jazz y la vida bohemia, que vivía despreocupada gracias a que sus padres la ayudaban cuando no llegaba a fin de mes. Lola solía decir que la única responsabilidad que su hermana menor había tomado en toda su vida era Katy, la gata que había salvado de la calle y ya hacía unos años vivía con ella. Y no se equivocaba.

 

-¡Qué rico te salió el café! Te voy a contratar para que me hagas el desayuno todos los días- dijo Mariana con la taza en la mano

-A las diez de la mañana más que desayuno es un break previo al almuerzo…

-Nunca vas a entender la vida de un artista…

– Tenés razón.  La mía tampoco.

– No exageres, ¿cuál es la pregunta que no te podés responder?

-¿Qué hago? ¿Dejo todo y me voy a Comodoro? Federico siempre dijo que él no quiere que cambie mi vida por sus decisiones…

– Cuando llega el amor se hace tarde para eso… Desde el momento en el que se enamoraron las decisiones que toma uno afectan al otro y ceder es parte del camino…

 

 

A veces con una taza de café la vida nos muestra que existen personas que saben más de nosotros que nosotros mismos

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