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El café en trueque

#25Tazas es una ficción con historias que suceden con un café de por medio y que invitan a ser leídas compartiendo una espresso perfecto. Todos los jueves, una nueva entrega, de la mano de Philips Saeco.

Si recién empezás a leerla, la historia arranca acá
Entrega anterior

 

Mientras en Buenos Aires Lola pensaba una manera para llegar a Comodoro Rivadavia, soñando con un puente de 1400 kilómetros, Alejandro cumplía la primera parte de su recorrido diario por esa ciudad con música. Con el volumen de sus auriculares inalámbricos al máximo y escuchando una selección de canciones de rock de los 70 que había organizado la noche anterior, el joven cartero iba repartiendo los sobres de ese día, que en su mayoría contenían facturas de electricidad y folletos de algún flamante emprendimiento inmobiliario. Si bien no había vivido el auge de las postales y las cartas, Alejandro se divertía más cuando tenía que entregar paquetes enormes, encomiendas extrañas o sobres de colores. Los días como el de hoy, en los que todo lo que había para repartir eran mensajes impersonales, su trabajo le pesaba más que de costumbre y el crecimiento económico que valoró al recibir la propuesta casi ni lo recordaba.

 

Eran casi las once de la mañana y aún le restaba pasar, como cada día, por lo de su hermana Verónica para ver a su sobrino Valentín y comer algo. Su momento favorito del día últimamente se había tornado un poco intenso… Desde que dejó entrever en una conversación su interés por Carolina (aquella cordobesa difícil de olvidar) Verónica se había puesto bastante insistente con el tema. Alejandro no dudaba de las buenas intenciones de su hermana, pero como no sabía cómo encarar la situación con Carolina tampoco disfrutaba la presión extra de tener que pensar qué responder.

 

A unos pocos metros de llegar, frenó en el edificio de una de las FM más grandes de la ciudad, por donde tenía que dejar una de las últimas facturas de la luz de la zona. Como ya había tenido problemas con algunos envíos, esta vez prefirió entregar el sobre en mano en vez de hacerlo pasar por debajo de a puerta. Se sacó los auriculares y tocó timbre. Lo atendió Diego, el operador técnico de turno, que había programado dos temas extensos y una tanda para poder fumarse un cigarrillo tranquilo mientras Lucas, el locutor y conductor, preparaba café calentar su garganta.

 

– ¿Te puedo dejar este sobre? –le dijo Alejandro

– Dale, claro- le respondió Diego agarrando la factura- ¿lo que estás escuchando es “Bleeding Heart”?

 

El volumen de los auriculares era tan alto que, que ahora que Alejandro se los había quitado, se escuchaban con la suficiente nitidez como para que Diego reconociera la canción. El cartero se sorprendió de que alguien, además de él, identificara el track.

 

-¡Sí! Es una versión en vivo de Jimmy Hendrix que hizo en diciembre del 69 con Band of Gypsys, ¿la conocés? La descubrí ayer en Internet y la sumé a una lista de canciones poco conocidas de los 70…

-Creo que esa versión no la escuché nunca pero no sé si es muy distinta de la que salió en la compilación “War Heroes”

-¡Es muy distinta! –lo interrumpió entusiasmado Alejandro- no tiene casi nada que ver, escuchala

 

Diego se puso los auriculares y escuchó atento los bajos de la canción, mientras se preguntaba cómo ese muchacho podía saber más que él de Hendrix. El hechizo de la música duró poco, porque Lucas le tocó el hombro para avisarle que sólo quedaban 30 segundos de tanda comercial y el programa debía volver al aire.

 

– Vení, entrá y acompañanos –lo invitó Diego al inesperado melómano.

 

Desde la cabina del operador, Alejandro presenció por primera vez cómo se hacía un programa de radio. A pesar de que había nacido en Comodoro, nunca había escuchado esa FM, siempre estuvo más atento a las canciones que le gustaban que a lo que solía sonar en las emisoras comerciales. Luego de comentar algunas noticias del día, Lucas pidió que suene una nueva canción. Y Alejandro puso Jimmy Hendrix mientras sonreía.

– Che, ¿estás apurado? Quería ver el resto de las canciones de la playlist que armaste. Si te cambio esa información por un café aceptas? –

 

Un café es la más simple y efectiva propuesta para un trueque.

 

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