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Aroma de café para entender

#25Tazas es una ficción con historias que suceden con un café de por medio y que invitan a ser leídas compartiendo una espresso perfecto. Todos los jueves, una nueva entrega, de la mano de Philips Saeco.

Si recién empezás a leerla, la historia arranca acá
Entrega anterior

 

Alejandro salió de la radio preso de una sensación que no podía describir bien. Por un lado, estaba feliz con haber encontrado a alguien como Diego, un melómano incurable como él, en su misma ciudad. Pero, a la vez, sentía que el encuentro le había mostrado que si quería dejar su trabajo de cartero y vivir de la música debía hacer concesiones. Como operador de aquella FM de Comodoro Rivadavia, Diego debía programar no sólo las canciones que a él le gustaban, sino también aquellas que la audiencia esperaba y quería. De algún modo, seguir ese camino le parecía una traición para lo que siempre había sido su pasión y su refugio.

Mientras pensaba en todo lo que había pasado, Alejandro aprovechó para entregar dos cartas más cerca de la emisora y se encaminó hacia lo de su hermana, Verónica, a quien solía visitar a diario.

-¡Pensé que hoy no venías! Ya llevé a tu sobrino a la guardería y volví…- lo recibió Verónica

-Uf, es que se me hizo tarde porque tuve un encuentro inesperado

-¿Con Carolina? ¡Qué bueno!

-¿De qué hablás?

-De la cordobesa, la chica que conociste la otra vez… ¡yo sabía que era para vos! Tenía miedo de que fueses tímido y te la perdieras, pero veo que ya pegaron onda. Te confieso que te di una mano porque hablé con Amelia para que prenda unas velas…

-¿Qué decís? ¿Te volviste loca? ¿Qué tiene que ver Carolina en todo esto? ¡Me encontré con un fanático de Jimmy Hendrix!

Alejandro no podía creer que una vez más su hermana se estaba metiendo en su vida. Desde que habían muerto sus papás, y se habían quedado sin familia en Comodoro, ella se había vuelto particularmente protectora con él, como si fuese un niño. Si bien no dudaba de sus buenas intenciones, tampoco podía evitar enojarse con el modo en que lo trataba. Se arrepintió de haberle contado que le había gustado Carolina aunque su hermana sí estaba en correcto en algo: él no se había animado a llamarla aún.

-¿Qué es lo de las velas que dijiste?, la interrogó

-Nada, nada, hacé de cuenta que no hablé de eso

-¡No me trates como a Valentín! No tengo tres años y no soy tu hijo. Contame qué hiciste con Amelia, ¿un gualicho para enamorar a Carolina?

Ni bien terminó de decirlo, Alejandro no pudo evitar sonreír frente a esa imagen y le contagió la risa a Verónica. Los dos hermanos disiparon las tensiones riendo. Ella se acercó a la cocina y se puso a prepararle un café con un trozo de torta que tenía en la heladera, para que sirviera de reemplazo del almuerzo.

-No es que te quiera meter presión ni ser una entrometida, entendeme, pero quiero lo mejor para vos y…

-Sólo yo sé qué es lo mejor para mí-la interrumpió Ale mientras comía torta

-Eso no es así: a veces uno está nublado o no sabe lo que necesita. Decime la verdad, ¿la llamaste a Carolina o no?

 

Alejandro se quedó pensando en lo que acababa de escuchar mientras revolvía el café y tomó el teléfono, decidido a jugársela…

Una charla con la persona que más nos conoce, café de por medio, nos puede dar la valentía que necesitamos para tomar una decisión

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