El boom de los emoji

Publiqué esta nota sobre la historia de los emojis, los ideogramas que están conquistando el mundo, en el número de agosto de Revista Bacanal

En febrero de este año la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos cumplió su rutinaria tarea de dar la lista de libros que sumó a su colección, un reconocimiento para títulos que se suponen que son importantes para el acervo cultural estadounidense. Muchos se sorprendieron al ver entre otros títulos a “Emoji Dick”, la versión del Mobby Dick de Herman Melville escrita únicamente con símbolos como caritas sonrientes, anclas y pescaditos. La obra, realizada por el ingeniero informático Fred Benenson, se inició como un hobby en las horas libres que tenía mientras programaba y luego fue un proyecto que recibió financiamiento colectivo gracias a Kickstarter. La inclusión de “Emoji Dick” entre los libros del Congreso significó la aprobación institucional que necesitaban los emojis, los caracteres que ya están en todos los teclados y que aparecen en tweets, mensajes de Whatsapp y correos electrónicos.
Historia y presente
La realidad no deja dudas: la historia de los emojis comenzó mucho antes de que aparecieran los smartphones, las redes sociales y la mensajería instantánea. Todo surgió en Japón hace 20 años, cuando la empresa de telecomunicaciones nipona NTT Docomo agregó un corazón como símbolo disponible para enviar en su servicio de pagers. En ese momento aquellos aparatos, hoy olvidados, causaban furor entre los jóvenes y la posibilidad de sumarle una cuota “kawaii” -la palabra japonesa para ‘adorable’ o ‘tierno’- le permitió a la compañía aumentar su participación en el mercado hasta alcanzar el 40%. Sin embargo, cuando los modelos de pagers que comercializaban cambiaron su software y reemplazaron el símbolo del corazón por el alfabeto latino -más apropiado para aquellos que realizaban negocios o necesitaban comunicarse con Occidente- se produjo una migración masiva hacia la competencia, Tokyo Telemessage. Desesperados por recuperar a su público, NTT Docomo tuvo que pensar una estrategia para atraer a los jóvenes. Y así nacieron los emojis.
El proyecto estuvo a cargo de Shigetaka Kurita, quien encaró una tarea muy difícil: rescatar la idiosincrasia japonesa a la hora de dialogar. En aquellas tierras, la comunicación verbal cara a cara y las cartas escritas a mano fueron la norma durante siglos. La llegada del e-mail, los mensajes de texto y los pagers significó un reto interesante para un idioma complejo en el que el contexto tiene una máxima relevancia. “Cuando alguien dice ‘Wakarimashita’ puede significar un dulce ‘te entiendo’ o un ‘te entiendo’ negativo. Y uno no sabe qué tiene en la cabeza en ese momento el que lo emite si no escucha su inflexión de voz o lee los gestos de su cara. Por eso, para evitar las confusiones, al crear los emojis pensamos primero en hacer caras. Teníamos la experiencia del símbolo del corazón y creíamos que era posible hacer más cosas”, recordó Kurita en una entrevista ofrecida al sitio de tecnología The Verge. Los emojis nacieron de la necesidad de ofrecer una solución simple a este problema complejo. Y si bien Kurita es un economista, no encontró diseñadores que quisieran ayudarlo a pensar los íconos y tuvo que ponerse él mismo manos a la obra. En pocos días, y de manera amateur, completó 176 emojis de 12 x 12 píxeles, en los que intentó capturar los sentimientos y elementos que creyó que mejor servían a la comunicación. Sin ayuda de lingüistas, especialistas en comunicación o antropólogos, usó su propia memoria afectiva para cumplir la tarea. “Me inspiré en elementos de mi infancia, como el manga y el kanji. En los cómics japoneses hay muchos símbolos diferentes: está la gota de sudor en la cara de un personaje cuando está nervioso o una lamparita encendida cuando se le ocurre una idea. Usé esas configuraciones como pistas y reacomodé un poco las cosas”, explicó. El equipo de Kurita, además, fue parte del desarrollo de i-mode, la primera plataforma masiva para teléfonos celulares en ofrecer servicios de correo electrónico, noticias y pronóstico del tiempo para el público en general. Así que fue una movida natural incorporar los emojis a los teléfonos móviles, que rápidamente tuvieron aceptación entre sus usuarios.
Si bien hoy existen numerosas variantes de emojis –NTT Docomo nunca logró obtener el copyright de los diseños por ser demasiados simples y generales- fue su incorporación en Unicode lo que popularizó la versión que hoy conocemos. Unicode es el estándar de codificación de caracteres que permite que diferentes dispositivos se comuniquen, más allá de qué sistema operativo usen. En términos toscos, Unicode le dicta a los aparatos qué signos tienen que poner en sus pantallas cuando aparece determinado código. En Unicode, por ejemplo, 26C4 significa “nieve” y puede verse levemente distinto en un iPhone o en un tweet, tal como la “a” es diferente en la fuente Helvetica que en Comic Sans. Gracias a esta incorporación a Unicode, los emojis se fueron extendiendo. Redes sociales como Tumblr o Instagram fueron las primeras en adoptarlos, para luego crecer en servicios de mensajería instantánea como Whatsapp y Line. Hoy, están en todas partes.
Keep it simple
A diferencia de los emoticones, que si bien en muchos casos se ven parecidos requieren en realidad varios caracteres para ser formados, los emojis ofrecen una experiencia simple e inmediata para transmitir ideas más ricas. Pero esta aspiración por la universalidad también despierta discusiones y polémicas. Cuando en junio Unicode anunció la incorporación de 250 nuevos emojis, aparecieron cosas como un diario enrollado, una ardilla, una mano extendiendo insultante el dedo mayor y hasta el saludo vulcano que popularizó Star Trek, pero no sumó, por ejemplo, a personas de color. En 2012 Apple utilizó su influencia para que Unicode acepte parejas gays y lesbianas dentro de los emojis y ahora quiere que se vean reflejadas las diferentes culturas “Se necesita mayor diversidad en la set de emojis y estamos trabajando con el Unicode Consortium para actualizarlo”, anunció recientemente la compañía de la manzanita.
Amados y odiados, los emojis están cambiando la manera en que nos comunicamos digitalmente. Su aceptación es apabullante: Twitter comenzó a tenerlos en su versión web en marzo pasado, y desde entonces se han utilizado 1.7 mil millones de veces. No son pocos los que creen que su uso empobrece la comunicación y podría volvernos peores escritores. Sin embargo, la Universidad de Tokyo Denki analizó por resonancia magnética el cerebro de personas que leían mensajes con texto, con emoticones tradicionales y con emojis y descubrió que en este último caso la comprensión era inmediata. Al parecer las áreas de nuestro cerebro que se activan en las conversaciones cara a cara también lo hacen con los emojis. “Los emojis sirven para reducir la ambigüedad e intensificar o disminuir el tono de las expresiones emocionales”, explicó la investigadora Andrea Ayers, quien defiende su uso. Pero no todos están convencidos. “A pesar de que yo lo creé, no estoy del todo seguro qué significa si una chica te envía un emoji de corazón. No sé si significa que le gusto o no… pero calculo que debe ser algo bueno”, reveló entre risas Kuritas.

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