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Hoy: El Gauchito Gil

Antonio Gil Nuñez, nació en la provincia de Corrientes, en la zona de Pay Ubre en el año 1847. En su juventud se enamoró de una joven viuda que era pretendida por el comisario del pueblo. El policía, despechado porque la viuda lo rechazaba, comenzó a perseguir a Antonio Gil, acechándolo. En una pelea fiera, en una pulpería, el Gaucho Gil le perdonó la vida. Sin embargo, en vez de gratitud, recibió más hostigamiento de la autoridad y Antonio Gil debió huir del pueblo.
Luego de pelear cinco años en la Guerra de la Triple Alianza, Gil se negó a integrar el ejército federal de lucha contra los unitarios, en en desacuerdo con los enfrentamientos internos del país. Se convirtió en un desertor y junto a dos compañeros comenzó una vida errante, huyendo permanentemente de la autoridad.
Casi un año después, una partida militar lo encontró dormido bajo la sombra de unos espinillos y lo atrapó. Los soldados lo tiraron al suelo, le ataron los pies con una soga larga y lo colgaron de un algarrobo cabeza abajo. Fue colgado así para evitar los supuestos poderes hipnóticos que tenía y para que no influyera el payé de San la Muerte que tenía colgado al cuello. Sus últimas palabras fueron dirigidas al soldado que iba a degollarlo:
Cuando vuelvas a tu casa, encontrarás a tu hijo muy enfermo pero si mi sangre llega a Dios, juro que volveré en favores para mi pueblo.
El soldado le cortó el cuello. Cuando, varios días después volvió a su casa, se encontró con su esposa desesperada porque su único hijo estaba muy enfermo. En ese instante recordó las palabras de Gil. Entonces volvió al lugar donde lo habían matado, enterró el cuerpo, puso una cruz de espinillo (algunos dicen que de ñandubay) y le rogó al Gauchito por su hijo. Cuando volvió a su casa al amanecer encontró a su niño sano. Al poco tiempo la gente comenzó a visitar el algarrobo y la tumba, dejando votos y velas encendidas.
El dueño del campo, de apellido Speroni, al ver el peligro que significaban las velas encendidas en el campo, hizo trasladar la tumba al cementerio de Mercedes, pero al poco tiempo cayó gravemente enfermo con un mal que degeneró en locura. Los médicos lo desahuciaron y él, en un momento de lucidez, prometió que si el gauchito lo sacaba de la cruel y desconocida enfermedad, le haría un monumento fúnebre. Instantáneamente fue curado. Edificó un pequeño santuario de piedra que aún hoy existe.
Conocé más del Gauchito leyendo acá, acá y acá.

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