Publicado por Capitán Intriga
Todo comenzó con
esta nota de Infobae sobre
Jocelyn Wildenstein, una actriz que empezó a operarse, a operarse, operarse, operarse… y terminó como lo muestra la foto.
A partir de allí, empecé a googlear a esta mujer increíble. No saben qué historia conmovedora y bizarra: ¡todas las cirugías fueron para recuperar a su amor, un millonario que se rayó y se fue a vivir con quinientos gatos! Por eso intentó mutar en una mujer-felino. Si la miran bien, algún parecido de familia con los mininos tiene.
En otra página leí que mirarla fijo puede producir epilepsia, que está loca de atar y que tiene encima tres millones de verdes en cirugías.
Se llama Jocelyn Wildenstein (1948), es millonaria y la cirugía estética ha hecho estragos con su rostro. Nadie sabe cuántas veces ha pasado por el quirófano, ella dice, quizá irónicamente, que «las mismas que cualquier otra mujer», pero se rumorea que podrían ser 30.
Muy conocida en los círculos de la alta sociedad de esa ciudad como la novia de Wildenstein o la mujer tigresa, el proceso de degradación física de esta mujer le da un nuevo sentido al cambio de look. Jocelyn un día fue bella, muy bella. Vivía entonces en su Lausana natal, donde nació en el seno de una familia de clase media. Dispuesta a ser una mujer completa, adquirió dos habilidades muy peculiares: aprendió a pilotar aviones y se convirtió en una experta consumada en ¡caza mayor! Tamañas virtudes la condujeron en 1977 hasta la finca que Alec Wildenstein, heredero de una fortuna de 10.000 millones de dólares, tiene en Kenia.
Una vez allí, Joyce sintió que no debía dejar escapar su oportunidad de seducir a uno de los hombres más ricos del mundo. Jocelyn y Alec iniciaron una historia de amor que terminaría sólo un año después en una fastuosa ceremonia nupcial en Las Vegas. Ya casados, emprendieron una vibrante y dispendiosa vida social acudiendo a las fiestas más glamourosas de los cinco continentes. Fueron años de felicidad durante los que tuvieron dos hijos y consiguió convertirse en una verdadera reina de la alta sociedad. Las cosas comenzaron a quebrarse cuando Alec decidió abandonar su vida lujuriosa para recluirse en su finca africana, donde vivía rodeado de decenas de gatos, animal por el que siente una fascinación casi insana.
Abrumada por la pérdida de afecto de su marido, Jocelyn acudió a un cirujano plástico para rejuvenecer su rostro. Al principio, la estrategia dio resultado y el esposo despistado le prestó mayor atención durante unos meses. Pero pronto se cansó de nuevo de ella y volvió a la mansión africana para cazar leones.Más desesperada aún, Jocelyn tuvo la estrambótica idea que ha acabado por convertirla en lo más parecido a uno de aquellos seres híbridos que habitaban la isla del siniestro Doctor Moreau.Siguiendo una extraña lógica, dedujo que si a Alec le pirraban los gatos, lo mejor que podía hacer era procurar parecerse a uno.
Según testificó él después en el juicio por divorcio, su sorpresa fue tan grande al verla transformada que no pudo ni reconocerla. A mediados de los 90, llegó uno de los procesos de divorcio más tortuosos que se recuerdan en la alta sociedad. Jocelyn se declaró dispuesta a rehacer su vida con su asesor financiero. Incluso llegó a venderse todas las joyas con motivos felinos que su marido le había regalado a lo largo de los años, pero ni siquiera esta catarsis fue suficiente ya que poco después declaró: «Jamás seré feliz sin mi esposo».Dispuesta a librar su última batalla, se obcecó en una reconquista que, sorpresa, ha terminado consiguiendo. Desde 2000, la pareja vuelve a estar junta. Preguntada entonces por cómo se lo había hecho para recuperar lo que parecía imposible, Jocelyn se permitió bromear con sus propio apodo para asegurar que «aunque algunos me llamen la novia de Wildenstein de forma despectiva, se equivocan porque realmente lo que soy es la reina de la jungla». Incluso allí se asustarían al verla.
Por último, una reflexión que leí:
Putting $50,000 into your kitchen leads to a better kitchen. Putting $50,000 into your face does not necessarily lead to a better face. This is because your face is not a kitchen.